Y que nadie crea que podrá meterse, que podrá decirme
qué hacer.

Y que la fuerza de lo que dicen no pueda nunca romper éste
nuestro espacio.

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Ahora sí

O somos juntos o somos felices, las dos cosas no se puede, el amor en serio muere y es mentira eso del para siempre. El amor sí dura un tiempo: dos años, quince, treinta. Ahora, que ya aprendí a amar como grande; ahora que entiendo lo que duele, lo que arde, lo que rasga el amor cuando es en serio. Ahora, que el dolor cala más hondo aunque las lágrimas se demoren. Ahora, que crecí, lo entiendo.

Una imagen

De mi infancia tengo una imagen. Mi mamá corrigiendo tareas de sus alumnos en la mesa redonda del comedor, mirando hacia el este, y yo, con los dos codos apoyados en el mantel de hule marrón, metiendo las narices como siempre. A veces, mi mamá me dejaba corregir con ella las tareas de sus alumnos, cuando yo ya era más grande. Me sentaba frente una pila de hojas y yo revisaba los verdadero/falso, los dibujos, los crucigramas, y ponía marquitas con lapicera roja. Era fantástico ayudarle a mi mamá a corregir, me sentía grande, poderosa, útil. Y ahí iba ella, agarrando las hojas después de mi, corrigiendo no una, sino dos veces, revisando lo de sus alumnos y lo mío también. Y esas tardes eran tan lindas.

Esperando el impacto

No me vengan a decir que se supone que me guarde el trauma por 4 años más, porque a mí “la cosa” me agarró ahora, a los 26. A los 26 dejás de ser joven. Si yo estoy trabajando y hay un policial y una persona de 26 años se muere o choca no ponés “un joven”.

“Un joven” es un joven de 22 años, un joven de 25 años, pero uno de 26 es un hombre o una mujer. “Una mujer de 26 años murió en Luján”.

La obra social, por ejemplo, hasta ahora me cubre un hermoso plan NEO en el que he sido feliz mucho tiempo. Es un plan para pibes que están arrancando la vida de obra social, piola, moderno, barato, fantástico.

El sábado cumplo 26 años y la obra social dice que ya no puedo estar más en ese plan y que me pasan a otro que no sé cómo se llama, pero que incluye servicios de maternidad y cirugías estéticas, ¿me estás gastando, Osde, no?

Estoy en contra de los clichés sobre que estás más cerca de los 30 que de los 20, pero la concha de la lora, es cierto.

 

 

Feliz día

Soy periodista por un giro del destino, ese destino que creí que me quería abogada.

Cuando dejé Derecho pensé por dos segundos qué quería hacer y la respuesta estaba ahí, aunque difusa: quería escribir, pero no ser escritora. Quería escribir qué estaba pasando, qué significaban la cosas, qué estaba bueno para contar.

Tres días después de cerrar definitivamente la carpeta de Romano estaba en el pre de Periodismo. Ahí, con 21 años y dos perdidos, como creía. Ahí, en la punta del comienzo del resto de mi vida, que no será de los mil lujos pero que se sustenta, material y espiritualmente, de esta profesión que ejerzo, que respeto, que me esperanza, que me marea, que amo.

regalo

A los 25 años me encontré con mi mamá. Estaba ahí de antes, yo la había visto, pero esta vez fue como dar vuelta la esquina y chocármela de frente. La veo tan cerca, casi adentro de mí. La siento siempre tibia y a carcajadas. La veo estable ahora, disfrutando en sus másde50 de los placeres mundanos de los que no disfrutó antes. La veo aferrada a la vida criando cientos de plantas como queriendo suplir a esos hijos que se le han volado de las manos.

Es mi amiga mi mamá, ahora. De esas que vienen una vez por semana a comer a casa y que me llaman a diario para saber cómo ando.

Me cría, todavía, mi mamá, como viene haciendo por décadas y como a mí me gustaría criar a los míos: me ve crecer y me acompaña en los dolores y en las alegrías; me suelta la mano pero se queda cerca, aunque yo no siempre descubra su escondite.

Todavía enjuga mis lágrimas de niña y a veces aún dormimos la siesta tomadas de la mano.

Ella es todo, casi todo, lo que a mí me gustaría ser alguna vez.

Quiero regalarle hoy, en su cumpleaños, algo distinto: quiero que sepa que escribo. Quiero que sepa que escribo para ella. Le regalo mi blog a mi mamá para que los descubra y me descubra.

Y aunque sí, es mucho, nunca será suficiente. ¡Feliz cumpleaños, má!

otra vez

Cruzamos mails, hablamos por teléfono, te llamé, me llamaste, me plantaste, te llamé de nuevo, hablamos por teléfono, salimos al aire, chateamos, tomamos un café, tomamos dos, cenamos, cantamos, tomamos otro café, tomamos un fernet, tomamos un Gancia, diossanto qué bello abril, qué bello mayo, tomamos más café, nos conseguimos una moza, cenamos, dormimos, cogimos, bailamos, salimos y volvimos a entrar, fumamos, vimos una película, dos, tres, quince, hola junio, julio, agosto, fuimos a Alvear, volvimos, sobrevivimos, dormimos sin coger, cocinaste, me mudé, septiembre, tomamos más cafés, fernets y Gancias, fumamos de nuevo, nos volvimos a besar, te quiero, yotambién, te asustaste, te asustaste mucho, me bardeaste, me enojé, fuimos a ver a Fito, fuimos a un casamiento, fuimos a dos, fuimos a tres, acá, allá, en Tupungato; conociste a mis amigas, conocí a los tuyos y los hice propios, conocimos a más gente de la que hubiéramos querido conocer, nos besamos más y más y más, jugamos, siempre jugamos, me enojé, octubre, papá: facundo, noviembre, te amo, otro casamiento, tu casa, la mía, me mudé, me ayudaste, tu vida cambió, la mía también, tu mamá, mi tía, tu hermano, el mío, tu laburo, el fútbol, los goles, los favores ofrecidos, tu desagarro, tu masajista, chau 2010, felizañonuevo, salud, graciasportodo, te fuiste, me quedé, me fui yo, te extraño, volviste, volví, febrero, marzo… abril, otra vez.

Alegran mi día

Los floristas del mercado de floricultores (que son como los más copados mayoristas de flores de Mendoza) me dan una sensacion de nostalgia cada vez que los veo, todas las mañanas alrededor de las 7 cuando paso con el micro hacia el diario. Están ahí, siempre. Con calor, con frío, con lluvia y aún cuando las ramas y hojas tapizan las calles de la Alameda después de un vendaval, como hoy. Siempre, como mensajeros de algo que no sé qué es, como queriendo decir que pase lo que pase en esta provincia y en mí, las flores van a seguir naciendo, con sus colores y aromas y todo eso.

Una revelación

Últimamente le he encontrado el gusto a esto de contar historias a través del periodismo. Por momentos caigo en el vicio de querer contar siempre lo que está pasando, pero cuando me topo con una historia, cuando la reconozco y la puedo ver, entonces me envuelven las ganas de contarlas y de despegarme de la urgencia, del apuro.

Dibujar la cabeza de una nota pasó de ser un karma a ser una distracción, algo que disfruto, que me gusta. Cada palabra significa tantas cosas. Me gusta darles posición, ordenarlas, volverlas a desordenar y ver cómo quedan. Me gusta jugar con los sujetos, con los predicados, sacar un verbo, volverlo a poner, reemplazarlo, cambiarle los tiempos.

Cambiale la cabeza”, me dice mi jefe sin siquiera haberla leído, y a mí me gusta escribirle una, dos, tres cabezas más y después elegir cuál queda, cuál me gustó más, cuál se adaptó mejor a la nota de turno.

Todas las cosas que pasan tienen al menos dos historias. A mí me gusta encontrar las que merecen ser contadas.

Y darles vida.

Presente

Coqui me lo regaló a mí
y yo le regalo a ella (y a él)
un espacio en mi blog.

Mejor excusa que una biblioteca no podría haber encontrado el destino para reunirlos.
Tienen muchas cosas en común estos dos locos, como diría él.
El amor por los libros, por las palabras; el cariño y la lealtad con los amigos, la calle 25 de Mayo.
Nacieron en los mismos pagos y se criaron a pocas cuadras de distancia pero recién se conocieron cuando ya vivían lejos de sus casas paternas.
El compromiso con el trabajo, el alma joven y el brillo en los ojos.
Son lindas personas, son graciosos y yo los quiero un montón.