Los frutos

He leído inmensidad de cosas que los demás han tenido para decir de mi abuelo. He escuchado, hasta en su propio entierro, enumerarse uno tras otros sus logros, sus libros, sus ensayos. Mi prima Flor, como pudo (estábamos todos muy tristes y llorosos) se animó a alzar la voz por todos nosotros, sus nietos, y a decirle al aire que los queríamos mucho y que gracias por todo lo que nos había enseñado. Creo que podríamos habérselo dicho más seguido en vida.

Alguien dijo de él, uno de los tantos letrados que lo despidió con honores, que fue de vida fecunda. Y yo elegí esa frase para mí, para quedármela y llevarla conmigo cuando quisiera acordarme de él. Las cuatro paredes (por lo menos) que están tapizadas de libros en su casita de Drummond parecen pero no son sus mejores frutos. Las leyes que ayudó a dictar y las facultades que ayudó a fundar también parecen, pero tampoco son.

No lo son siquiera sus decenas de alumnos que lloraron junto a su cajón por ese “padre que nunca tuvieron”, que los retaba con dureza pero que los animaba a seguir, a ser mejores, a estudiar todos los días como lo hacía él.

No son los gallos sus mejores frutos, aunque sí tal vez los más divertidos. No son aquellos amigos y servidores que lo acompañaron durante 30 años con la paciencia que solo puede tenérsele a quien se ama. No son, por último, tampoco, los cientos que discursos que esparció por las miles de aulas que visitó.

Cada sábado, cerquita del mediodía y hasta entrada la siesta lujanina, los mejores frutos del Doctor se juntaban en el quincho de aquella casita perdida a comer asado, tomar vino, hablar de política y pelearse entre ellos, pero de mentirita.

Nosotros éramos chicos y vivimos en esa casa los mejores años de nuestra infancia. Mañana vamos a volver, sin él, a sentarnos a esa mesa que nos recibió tantas veces. Mañana queremos volver porque sabemos que todavía queda mucho que hablar y que por extrañarlo a él nos extrañamos entre nosotros.

Mañana vamos a volver a sentarnos a esa mesa, porque mientras sus hijos y sus nietos (sus mejores frutos) estén, él estará.

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2 pensamientos en “Los frutos

  1. Hermoso Ju!. Mi vieja me decia que hay una carta al lector en Los Andes hoy, muy linda.
    Esa casa, ese quincho y esas 4 paredes tapizadas de libros q alguna vez “chusmeamos” también se nos quedaron grabadas a nosotros. NI hablar de la “reunion de diputados muy importante” ja. Q grande “el abuelito Dardo”. Te quiero!

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