Navidad

Desde hacía varios días venía pensando en cómo hacer para no ponerme a llorar a las 12 en pleno brindis de Navidad por todo lo feo que me pasó este año, en los últimos meses, y que me tiene tan mal todavía. Como todas las emociones se acrecentan con las fiestas a fin de año estaba segura de que el escandalete navideño se venía con todos los chiches y ya estaba resignada a pasar vergüenza delante de familiares y amigos.

Sin embargo, en lugar de ponerme a llorar abrazada a mi papá a las cero del 25 de diciembre, me puse a llorar con mi mamá, en la playa de estacionamiento de Palmares, a la una de la tarde del 24.

“Es que estoy muy triste”, le decía a mi vieja con la cara llena de lágrimas y mocos, y “no quiero pasar la Navidad así” y ella me miraba (o supongo que me miraba, porque yo tenía la cara tapada con las dos manos) y me abrazó y lloré más fuerte por un ratito medio largo y de a poco se me fue pasando y me calmé y me sequé los ojos, me puse los lentes y le dije “ya está, vamos” y nos fuimos al centro a comprarme un regalo.

Después almorcé con ella, en su casa, mientras hablaba por Skype con mi amiga que vive en Francia y a la que extraño muchísimo y después de comer nos fuimos juntas a dormir la siesta a su cama grande y dormí más de 4 horas.

A la noche, mi papá me pasó a buscar y cené con él y a las doce no lloré, sino que le di un abrazo, a mi hermano le di como diez abrazos y adentro mío no pensé cosas tristes, sino que pensé que era una Navidad como cualquier otra, con mi familia, la misma de siempre, pero sin mi mamá, a la que inevitablemente le dije “feliz navidad” por teléfono y fue una garcha, pero después cuando la vi y la abracé y le dije “feliz navidad” en vivo, un poco que me di cuenta de que no importa. No importa dónde me agarra el momento en el que reloj pasa de las 23:59 a las 00:00 porque total es lo mismo. Sigue siendo todo una cagada.

Ya son casi las diez de la noche de esta Navidad 2011, la primera de tanto, la última de algunas otras cosas, y a mí todavía me duele la cabeza de todo lo que tomé ayer, lo que lloré ayer, lo que fumé ayer, lo que sentí ayer y lo que sé que voy a seguir sintiendo.

¡Feliz Navidad!

J.

 

 

 

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3 pensamientos en “Navidad

  1. Hay que aprender a crecer, o aprender para crecer, o crecer para aprender. O todo eso junto.
    Eso es la vida.
    Pero ese vació, esos dolores, tarde o temprano te hacen buscar lo pleno.
    Feliz navidad.

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